Más allá del velo

Mujeres musulmanas con velo

Debajo de cada velo hay una cabeza. Centenares de miles en España. Todas son diferentes, aunque nos empeñemos en verlas iguales. Unas son de mujeres que llegaron de lejos rompiendo con el pasado; otras nacieron aquí de padres cristianos o musulmanes, estudiaron en colegios españoles y un día decidieron abrazar la religión de Mahoma. Unas se criaron en profundas aldeas del Rif o Pakistán; otras, en capitales europeas. Unas emigraron para sobrevivir; otras, en busca de un horizonte de libertad. Algunas son universitarias y abundan las que apenas saben leer y escribir. Unas siguieron mansamente al marido en su travesía y siguieron siendo en España igual de sumisas que en  su sociedad de origen; otras lograron escapar de él. Unas vinieron solas, con un proyecto personal de vida, eran viudas o divorciadas. Otras arrastraron tras ellas a un puñado de hijos que ya son españoles. Unas trabajan muy duro; otras viven encerradas.  Unas son estrictas practicantes del islam, alérgicas a rozarse con un varón que no sea de su familia.

Son mujeres y son musulmanas. En torno a medio millón en España,  algo menos de la mitad del millón largo de musulmanes que se calcula viven en nuestro país. Encontramos  inmigrantes marroquíes y tambien  conversas como Chelo que apostaron por el islam y renunciaron a otro forma de vida. Muchas son estudiantes universitarias becadas, otras  españolas de origen árabe. Sin olvidar a las miles de musulmanas de Ceuta y Melilla. A todas las une el islam. Hoy intentan descubrir su camino sin renunciar a su religión. Muchas  afirman que llevan el velo, el hiyab, por decisión propia, por convicción, como bandera de su origen y religión, de su feminismo. Un peldaño más abajo, las mujeres más humildes, las inmigrantes económicas del Magreb, ni se lo plantean; nadie les preguntó nunca. No conciben salir a la calle sin velo por respeto al varón, a la familia, a la tradición. Sin él estaría como desnuda, militantes u oprimidas, todas pagan un precio. Se sienten observadas, vigiladas e incomprendidas. Obligadas a justificarse. Marginadas en el mercado laboral, no lo tienen fácil. En este país aún es duro llevar el pañuelo, dicen. Unas cuantas están dispuestas a luchar por su identidad, por una sociedad multicultural, y por la integración.

Khadija Maia, mediadora intercultural de la Conselleria de Inmigración y Solidaridad, aporta su visión sobre la polémica del velo en nuestro país.

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